Una de las preocupaciones más frecuentes en las relaciones de pareja es descubrir que ambos no tienen el mismo nivel de deseo sexual.
Mientras una persona puede tener ganas de un encuentro íntimo varias veces por semana, la otra quizá necesite más tiempo, más conexión emocional o simplemente atraviese una etapa diferente.
Y entonces aparecen los pensamientos:
"¿Ya no le gusto?"
"¿Será que dejó de quererme?"
"¿Soy yo quien tiene demasiado deseo?"
La realidad es que tener niveles distintos de deseo es mucho más común de lo que imaginamos.
Y, por sí solo, no significa que exista un problema en la relación.
No existe un nivel "normal" de deseo sexual
Uno de los errores más comunes es comparar la vida íntima con la de otras parejas.
La frecuencia sexual varía enormemente de una relación a otra.
Lo importante no es cuántas veces tienen relaciones sexuales, sino cómo se sienten ambos con esa dinámica.
Una pareja puede sentirse plenamente satisfecha con encuentros poco frecuentes, mientras otra necesita una mayor frecuencia para sentirse conectada.
No hay una cifra universal.
¿Por qué el deseo puede ser diferente?
El deseo sexual está influenciado por muchos factores.
Entre ellos:
• Estrés laboral o económico.
• Cansancio físico.
• Cambios hormonales.
• Embarazo o posparto.
• Medicamentos.
• Problemas de salud.
• Ansiedad o depresión.
• Autoestima.
• Calidad de la relación.
• Rutina.
Por eso, reducir todo a "ya no me desea" suele ser una conclusión demasiado rápida.
El deseo espontáneo y el deseo responsivo
Muchas personas creen que el deseo siempre aparece de forma espontánea.
Sin embargo, la sexología distingue dos formas frecuentes de experimentar el deseo.
El deseo espontáneo surge aparentemente "de la nada".
La persona siente ganas antes de cualquier estímulo.
El deseo responsivo aparece después de que existe cercanía, caricias, conversación, afecto o un ambiente de intimidad.
Ninguna forma es mejor que la otra.
Simplemente son maneras distintas de vivir la sexualidad.
Comprender esto puede evitar muchos malentendidos.
El error de convertir el deseo en una obligación
Cuando una persona siente que debe responder siempre para evitar conflictos, la intimidad puede comenzar a vivirse con presión.
Y el deseo difícilmente florece donde existe obligación.
Del mismo modo, quien tiene mayor deseo también puede sentirse rechazado o poco valorado.
Ambas experiencias son válidas.
Lo importante es evitar que la diferencia se convierta en una lucha de culpables.
¿Cómo encontrar un equilibrio?
El equilibrio no consiste en que uno siempre ceda.
Consiste en construir acuerdos donde ambos se sientan escuchados.
Algunas preguntas pueden ayudar:
• ¿Qué nos hace sentir más conectados?
• ¿Qué necesitamos para disfrutar más nuestra intimidad?
• ¿Estamos dedicando tiempo a la relación fuera del sexo?
• ¿Existe algo que nos preocupa y no hemos hablado?
Muchas veces el deseo mejora cuando mejora la conexión emocional.
Pedir ayuda también es una muestra de amor
Si las diferencias de deseo generan sufrimiento constante, discusiones frecuentes o distanciamiento emocional, acudir con un profesional en sexología puede ser una excelente herramienta.
Buscar apoyo no significa que la relación haya fracasado.
Significa que ambos desean comprenderse mejor.
Para reflexionar...
Las parejas felices no son aquellas que siempre desean exactamente lo mismo.
Son aquellas que aprenden a hablar de sus diferencias con respeto, empatía y curiosidad.
Porque el objetivo no es ganar una discusión.
Es construir una vida íntima donde ambos se sientan deseados, respetados y libres de expresar quiénes son.
Próximo artículo:
"¿Los juguetes sexuales mejoran una relación de pareja? Mitos, beneficios y cómo elegir el primero juntos'.
M💋
